El discurso es objeto de estudio de distintas direcciones de investigación, las que, en consecuencia, lo definen y abordan de acuerdo con sus particulares intereses teóricos o aplicados. Por otra parte, es un ámbito de trabajo en el que se hace particularmente difícil establecer límites nítidos con otras disciplinas; Teun van Dijk (2000) señala el carácter esencialmente difuso del concepto de discurso y observa su presencia ubicua en las humanidades y las ciencias sociales, razón por la cual lo define como un campo intrínsecamente interdisciplinario. Este autor identifica tres enfoques principales en los estudios sobre el discurso:
Por razones de espacio, es imposible abarcar aquí el espectro completo de las distintas direcciones de investigación. Hemos tratado en La lingüística textual y La lingüística funcional sistémica algunos enfoques relevantes centrados en las estructuras y funcionalidades textuales, que prestan un interés preferencial al texto escrito; en este apartado, nos referimos sucintamente a un enfoque que también privilegia la modalidad escrita y que ha tenido gran difusión en nuestro medio: la escuela francesa de análisis del discurso. Incluimos información esencial sobre una dirección que despierta un interés importante en la actualidad, el análisis crítico del discurso. Dedicamos dos apartados a las corrientes que se ocupan de estudiar la conversación y las interacciones orales: el análisis de la conversación, que se origina en la sociología estadounidense, y el análisis del discurso, con distintas vertientes, según lenguas y tradiciones. En tanto que las distintas direcciones del análisis del discurso intentan asignar niveles a fragmentos de habla y luego formalizar las reglas de combinación de las unidades en estructuras jerárquicas superiores, o describir los datos para ordenarlos en categorías elaboradas por el enfoque particular, el análisis de la conversación no parte de categorías teóricas preestablecidas, sino que se centra en el material empírico e intenta descubrir (no imponer) el orden y regularidad en las interacciones.
Compilaciones de artículos interesantes sobre el análisis del discurso son los de Teun Van Dijk (1985 y 2000 —en español—), Deborah Schiffrin (1993) y Deborah Schiffrin et al. (2003). Pueden citarse como introducciones generales al estudio del discurso G. Brown y G. Yule, (1983), Michael Stubbs (1983); en español es especialmente útil el libro de Amparo Tusón y Helena Calsamiglia (1999).
La escuela francesa de análisis del discurso surgió en la coyuntura intelectual de los años sesenta, bajo la égida del estructuralismo, y se articuló alrededor de una reflexión sobre la escritura, en la que confluyeron la lingüística, el marxismo y el psicoanálisis (Dominique Maingueneau, 1987). La tradición en la que se enmarca esta escuela es aquella que asocia la reflexión sobre los textos y la historia: en cierto sentido, esta escuela vino a ocupar el lugar vacante dejado por la vieja filología, pero con unos presupuestos teóricos y metodológicos completamente distintos. El análisis del discurso en Francia, a partir de los años sesenta, es un oficio de lingüistas, historiadores y de algunos psicólogos; las referencias a problemáticas filosóficas y políticas conformó la base transdisciplinar de una reflexión sostenida sobre la construcción de un enfoque discursivo para los procesos ideológicos (Michel Pêcheux, 1984).
La escuela francesa de análisis del discurso se fundamenta en los conceptos y los métodos de la lingüística; sin embargo, para individualizarla frente a otras orientaciones de los estudios sobre el discurso, es preciso añadir que esta escuela presta una atención especial a textos producidos en el marco de instituciones que constriñen fuertemente la enunciación, en los cuales se entrecruzan aspectos históricos, sociales, políticos y que delimitan un espacio propio en un interdiscurso dado. Los objetos propios del análisis del discurso de la escuela francesa se corresponden con el concepto de formaciones discursivas, elaborado especialmente por Michel Foucault (1969), en el sentido de «un conjunto de reglas anónimas, históricas, siempre determinadas en el tiempo y el espacio, que han definido una época dada, y por un aire social, económico, geográfico o lingüístico que han originado las condiciones de ejercicio de la función enunciativa».
Desde esta perspectiva, el analista no selecciona un corpus porque haya sido producido por un individuo dado, sino porque su enunciación es el correlato de cierta posición sociohistórica, cuyos enunciadores son así enteramente sustituibles. Esta escuela sostiene así una relación privilegiada con la historia, los textos de archivo, la sociología: de allí que la atención se concentre en los textos escritos, a diferencia de otros enfoques sobre el discurso, más influidos por la sociolingüística y el interaccionismo. Dominique Maingueneau distingue el análisis del discurso «de primera generación», de finales de los años sesenta y principios de los setenta, en los que esencialmente se buscaba poner en evidencia las particularidades de las formaciones discursivas (el discurso comunista, socialista, etc.), considerados como espacios relativamente autárquicos que se estudiaban a partir de su vocabulario, y el análisis del discurso de «segunda generación», ligado a las teorías enunciativas.
Los tópicos en que se destacan los estudios de esta escuela son el mecanismo de la enunciación, la heterogeneidad enunciativa y la polifonía, la paráfrasis y la reformulación, los géneros discursivos, la presuposición, los conectores de argumentación y el análisis léxico del discurso.
Algunos autores de referencia actuales son Jacqueline Authier-Revuz, Jean Paul Bronckart, Patrick Charaudeaux, Michel Charolles, Bernard Combettes, Oswald Ducrot, Catherine Kerbrat-Orecchioni, Dominique Maingueneau, entre muchos otros. Debido a la importante difusión que ha tenido esta escuela en el ámbito hispanohablante, existen buenas traducciones de obras introductorias de referencia, como por ejemplo, D. Maingueneau (1980) y Kerbrat-Orecchioni (1986), así como del Diccionario de análisis del discurso, de Dominique Maingueneau y Patrik Charadeux (2002).
Se trata de un enfoque de lo interdisciplinar de los estudios del discurso, que parte de la definición del lenguaje como «una forma de práctica social»: para esta corriente, el analista no debe contentarse con observar y describir los vínculos entre las estructuras sociales y los discursos, o indagar «objetivamente» sobre los fenómenos discursivos a partir de las categorías teóricas, sino que debe ser un «agente de cambio» (Van Dijk, 2000:50) y luchar con su labor como analista crítico contra la desigualdad social, la discriminación en sus diversas formas (racial, de género, etaria, religiosa, etc.). Es decir, los estudiosos críticos del discurso toman una posición social y política y emprenden sus análisis para cuestionar y combatir las distintas formas de la dominación; las teorías desempeñan un papel en la medida en que permiten poner al descubierto la desigualdad social, la discriminación y toda otra forma de dominación. Así, esta corriente enfoca más en los problemas sociales que en las teorías o paradigmas de la disciplina. Parte de la convicción de que existe un acceso desigual a los recursos discursivos, lingüísticos y sociales, los cuales son controlados por las instituciones. Desde el punto de vista de los métodos, el enfoque suele describirse como supralingüístico, dado que las investigaciones incluyen en sus análisis el contexto social de manera no restringida. Además de la teoría lingüística, un enfoque que tiene especial influencia en el análisis crítico del discurso son las teorías sociales que representan por ejemplo los nombres de Antonio Gramsci, Louis Althusser, Michel Foucault, Pierre Bourdieu, puesto que ofrecen marcos y categorizaciones para el estudio de la ideología y las relaciones de poder que se construyen y reproducen en el discurso. Nombres de referencia en esta corriente son Norman Fairclough, Ruth Wodak, Roger Fowler, Teun Van Dijk, Luisa Martín Rojo, entre otros.
Están disponibles en español obras generales o recopilaciones de artículos clásicos, como por ejemplo Van Dijk (1993, 1998), Wodak y Meyer (2001). La revista electrónica Discurso y Sociedad (revista interdisciplinaria de internet) es un proyecto de investigadores hispanohablantes en el área del discurso político, social y crítico, que ofrece enlaces a su biblioteca, traducciones, a listas de discusión y foros. Un sitio muy completo es la página personal de Teun Van Dijk ofrece bibliografía de referencia en inglés y en español, así como links a las páginas web de importantes lingüistas contemporáneos.
El análisis de la conversación (AC; también «análisis conversacional etnometodológico»), que surge en los años sesenta, tiene su origen en una dirección crítica de la sociología, la etnometodología, cuyo referente es el sociólogo Harold Garfinkel (1967): en contra de la posición dominante, la etnometodología sostiene que la realidad y el orden social no se producen a partir de normas o consensos sociales previos, sino que son construidos por los hablantes en cada interacción comunicativa. Los hablantes comunes disponen de una serie de métodos, procedimientos o técnicas para actuar en su vida cotidiana; la palabra etnometodología describe justamente la metodología que emplean los miembros de una sociedad para realizar sus actividades comunicativas y sociales. La forma básica de la actividad social es el diálogo oral espontáneo: los métodos empleados por el AC para el análisis son rigurosamente empíricos: la lengua hablada real en contextos naturales es sometida a grabaciones y transcripciones detalladas. Los etnometodólogos sostienen que los interactuantes realizan sus actividades comunicativas de manera estructurada, ordenada y metódica; la organización es fundamentalmente secuencial.
Así el analista conversacional debe reconstruir las actividades conversacionales siguiendo el desarrollo secuencial y prestando una atención preferencial a los mecanismos de organización locales (para los fundamentos, ver Alain Coulon, 1990). Se enumeran a continuación los tópicos centrales del AC, junto con la mención de los trabajos fundacionales: los mecanismos de toma de turnos de habla y la organización secuencial de contribuciones de habla (Sacks, Schegloff y Jefferson, 1974), los procedimientos de reparación (Schegloff, Jefferson y Sacks, (1977), las actividades de categorización de personas y grupos en la interacción (Sacks, 1992).
En los últimos diez años se observa un cambio en el foco de interés: mientras que en el pasado la conversación informal con sus fines particulares constituía la materia central, hoy en día el interés principal está puesto en la investigación de la interacción verbal en contextos institucionales, tomando en consideración el contexto extralingüístico (entre muchísimos otros, Peräkylä, 2005; Hester y Eglin, 1997). Otro campo de interés contemporáneo está representado por la construcción de identidades en el discurso y la conformación de estereotipos, a partir de actividades de categorización (el trabajo de Wolfgang Kesselheim, 1998, ofrece un estudio interesante sobre el caso de la identidad de los inmigrantes de países limítrofes en la Argentina).
Los enfoques sobre la oralidad que se describen con el sintagma «análisis del discurso» surgen más directamente de la lingüística y, por lo tanto, sus métodos se asemejan más a aquellos de la lingüística sistemática. Así, muchos trabajos intentan generar una gramática de la conversación o bien, en el caso de aquellos que trabajan bajo la influencia de la pragmática lingüística, sostienen que las intuiciones del analista son fuente confiable para la investigación. Trabajos clásicos como los de Longacre (1979) y Grimes (1975) plantearon que el discurso tiene una estructura gramatical, que se expresa en una división jerárquica de los constituyentes de discurso subordinados, en suma, que también los discursos responden al principio de «buena formación»; tal posición ha sido relativizada y criticada por Michael Stubbs (1983), entre otros. La escuela británica, representada por John Sinclair y sus colegas de la Universidad de Birmingham en Inglaterra (Malcolm Coulthard y David Brazil, especialmente) ofreció un modelo descriptivo basado en criterios sistemáticos para la conversación, más precisamente para la interacción en el aula, conocido como análisis del discurso funcional. Las investigaciones de los analistas del discurso estadounidenses (para un panorama, puede consultarse a Deborah Schiffrin [1994] —cuya corriente más influyente en la actualidad es la sociolingüística interaccional—, además de interesarse por cuestiones de índole lingüístico-discursiva, se concentran en temáticas con relevancia social, como los estilos conversacionales de hombres y mujeres [Deborah Tannen, 1994], la identidad en el discurso (Ana De Fina, 2006), los marcadores discursivos en distinto tipo de interacciones [Deborah Schiffrin, 1987], entre muchísimos otros. Por otra parte, es preciso mencionar a la escuela de Ginebra (sus publicaciones más importantes están en lengua francesa), surgida a partir de los años ochenta.
Sus temas principales son el estudio de la estructura del discurso y de la articulación discursiva (Eddy Roulet, 1999; Jacques Moeschler, 1996; ver la definición de lingüística del Departamento de Lingüística de la Universidad de Génova). Los trabajos en el ámbito hispánico están orientados mayormente hacia perspectivas gramaticales y pragmáticas: destacan los grupos Valesco e Ilse, de las Universidades de Valencia, Almería. El estudio de la oralidad especializada (la divulgación de ciencia) es objeto de investigación de investigadores españoles y argentinos reunidos en la Red Temática de Discurso, coordinada por Helena Calsamiglia. La revista Oralia, que edita el grupo ILSE, es un foro interesante sobre estudios de la lengua hablada en español; también incluye trabajos sobre oralidad la revista Discurso, editada por la Asociación Latinoamericana de Análisis del Discurso-ALED).
En la Argentina, existen grupos de investigación en distintas universidades del país, como la Universidad Nacional de Rosario, la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad de Buenos Aires. Recientemente ha comenzado a celebrarse el coloquio local de la IADA (International Association for Dialogue Analysis), que organiza la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata, con una frecuencia bianual. Deben mencionarse también los congresos regionales y coloquios nacionales organizados por la Asociación Latinoamericana de Análisis del Discurso (ALED), con una periodicidad bianual. En estas reuniones científicas —en las que confluyen multiplicidad de enfoques sobre el discurso y sus distintas manifestaciones—, se percibe en los últimos años una presencia creciente de la temática de la oralidad.